No puede callarlo.¡Es la vida que está viviendo¡.
Imposible no gritarla.
Ahram vuelve la cabeza sobre la almohada. ¡Qué cerca le quedan esos ojos glaucos, ahora claros y profundos¡
Necesito que lo sepas, darte todo lo que soy…sirena de verdad, en la mar, con mi cola de pez….Luego me hice mujer-concluye en un suspiro. Ya está, es irremediable. ¿Ha hecho bien? Trata de interpretar la expresión de ese rostro, a contraluz de la ventanilla.
El hombre al principio sólo había recogido en su oído la miel de la voz.
Ahora ha captado el sentido y reacciona en tono alerta, incrédulo.
¿Cómo has dicho?
Aún podía echarlo a broma. Pero ni se le ocurre. Rápidamente, en pocas palabras, explica que lo había olvidado, que por eso no sabía de su infancia, pues no la tuvo…
En ti todo es posible….Tenía que ser así.
La vieja sirena, de José Luis Sampedro



