Sé que mi formación/información es lo más importante.
Esta vez, se me presentó una oportunidad de oro: Taller con Alberto García-Alix, extraño frente al espejo.
No podía dejarlo pasar, ¿cuándo se iba a repetir una oportunidad como esta? Sólo había un pero: Tenía que ir a Bilbao.
Pues no falté a la cita.
Allí estaba yo como un niño en su primer día de clase.
No conocía a nadie.
Entramos y cada uno escogió su asiento...los que pudieron, porque la otra mitad se quedó esperando sin saber qué hacer.No había asientos para todos.
En un momento Ricky Dávila, empezó a organizar las sillas y enseguida me encontré situada junto a García-Alix y el resto de compañeros le miraban con expectación.
Se le notaba nervioso, imagino que con tantas caras mirándote fijamente cualquiera se sentiría incómodo.
Las sonrisas en la cara, los ojos bien abiertos y las miradas de admiración, asombro, escepticismo...todos querían empezar cuanto antes.
Hizo la presentación del taller Ricky Dávila y le cedió la palabra a G-A.
No se andó con medias tintas.Su primera pregunta fué :" Qué queréis saber?"
Después de 10 minutos de charla, uno de los asistentes le pidió permiso para hacerle una fotografía mientras daba la clase, tajantemente dijo: "no, no me gusta que me fotografíen"
Prefiero el analógico porque me da tiempo a soñar lo que ví.
Busco la virtud que he educado con la mirada.
He aprendido a detenerme en mi propia voz.
Empecé a hacer fotos porque tenía el fracaso asegurado, como todo en mi vida.
La fotografía me idependiza de todo...me fascinaba.
No conocía el poder de la imagen.
Durante mi infancia, mi madre me obligaba a visitar el Prado.
Con ella conocí la pintura que no me interesaba nada en absoluto, me aburría hasta la saciedad hasta que un buen día descubrí el desnudo y supe qué era la luz.
A los 18 años, cogí mi primera cámara y fuí aprendiendo solo.
Me inspiraba de Augus Sander, Walker Evans ,Antoine D'Agata , Diane Arbus...
Un buen día conseguí que me contrataran para hacer reportajes de moda.
No cobraba mucho, lo justo para pagarme la dosis y el alquiler.
Después, con el tiempo me he dado cuenta de todas las buenas oportunidades....de haberlo sabido.
Fotografío lo que veo y lo que vivo.
La mujer, como mujer me apasiona, me gusta su cuerpo es todo arte.
Yo no soy un fotógrafo de pornografía, lo mío es otra cosa.
[...]
La cámara es muy cruel, por eso no me gusta que me fotografíen.
Si no tengo malicia, no soy fotógrafo.
La calle nos exige ir en un permanente safari. Lo que sucede, la lluvia, el reflejo...hay otros mundos.
El mirar por la cámara nos obliga a un encuentro.
La fotografía nos tiene que hacer libres en la voluntad de decidir.
Me atraen los mundos en extinción...hay que tener la tentación de quererlo.
La emoción de la fotografía no está por delante de la cámara, está detrás...con el autor.
El mayor derecho y satisfacción es la generosidad.
Fascinante, es el momento de hacer la foto.
Me gusta decidir sobre mi obra, tanto par una exposición como para un libro.
La experiencia me ha demostrado que debe ser así...de otra manera no me veo reflejado en mi trabajo.
Soy muy riguroso, eso es sagrado...sólo trabajo con mis asistentes, en los único que confío y que me entienden. Hablamos el mismo idioma.
Me chocó su formalismo en ciertos aspectos.
También el que después de tantos años, aún siga como un niño con zapatos nuevos trípode y cámara en mano a la caza de alguna imagen que le diga algo.
Me chocó que no pueda vivir sin su fotómetro, al igual que es muy despistado y se le caen las cosas se le olvidan o se vaya dejando cosas por donde pasa.
Es increíble cómo habla de la fotografía, hay mucha experiencia detrás, muchas luces oscuras y muchos mundos que no quiere contar, pero con la ilusión de un niño.












































